Prensa / LOS ÁNGELES. En 2019, el artista de Los Ángeles Federico Galavis colocó un diario en blanco en el asiento trasero de su automóvil mientras conducía para Uber e invitó a los pasajeros a escribir cualquier cosa que quisieran dejar atrás. Algunos escribieron una frase. Otros llenaron páginas enteras.
Registraron amor, duelo, soledad, humor, miedo, fe, familia, identidad, supervivencia y esperanza. Lo que comenzó como un experimento de arte conceptual se convirtió en una cadena íntima de conciencia, una persona desconocida leyendo la verdad de otra y luego añadiendo la suya.
Cuando la identidad aparece después de las palabras
La humanidad del proyecto nace de una inversión sencilla. Los pasajeros encontraban primero las palabras y solo después la identidad de quien las había escrito. La raza, la religión, el género, la sexualidad, la clase, la política y la posición social no eran los primeros datos disponibles. Por un momento, los prejuicios heredados y aprendidos que tantas veces determinan una primera impresión podían quedar fuera de juego. La diferencia no desaparecía. El reconocimiento podía llegar antes que la clasificación.
Cada
viaje se convirtió al mismo tiempo en un espejo y en una oportunidad para dejar
algo atrás. Un pasajero podía descubrir
un miedo privado
reflejado en la escritura de otra persona
u ofrecer una frase
que un lector desconocido necesitaría horas o días después. Una plataforma
tecnológica había creado cercanía física, pero el diario creó cercanía
emocional. El automóvil dejó de ser solamente un vehículo que atravesaba Los
Ángeles y se convirtió en un espacio común y temporal, un lugar donde los
desconocidos podían hablar de alma a alma sin tener que defender ni explicar
primero quiénes eran.
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El arte casi perdido de escribir como flujo de conciencia
The Uber Diary también preserva el acto físico de escribir en una época en la que el lenguaje es cada vez más predicho, corregido, estructurado y generado para nosotros. Estas páginas no son declaraciones pulidas ni actuaciones para las redes sociales. Son flujos de conciencia hechos visibles. La presión, la vacilación, las palabras tachadas, las líneas irregulares, los dibujos, la ortografía imperfecta y los cambios repentinos de pensamiento permanecen sobre el papel. La mano registra la mente mientras se mueve en tiempo real.
Esa vulnerabilidad material importa. La escritura a mano contiene la presencia de un cuerpo, la velocidad del gesto, la pausa antes de una confesión y la insistencia de una palabra marcada con fuerza sobre el papel. En el diario, escribir no es solamente una manera de transmitir información. Es la evidencia de que alguien estuvo aquí, sintió algo profundamente y decidió entregárselo a otra persona.
Una cápsula del tiempo de cercanía humana y los inicios de la inteligencia artificial
El archivo nació en el umbral de la pandemia y capturó una de las últimas imágenes cotidianas de desconocidos compartiendo un mismo espacio antes de que el aislamiento colectivo transformara la vida diaria. Sus temas, la soledad, la pertenencia, el miedo, el amor, la memoria y el deseo de ser vistos, hoy resultan aún más urgentes. Vivimos tiempos tecnológicos acelerados, conectados de manera constante y cada vez más mediados, pero con frecuencia más aislados unos de otros. El diario pregunta qué clase de conexión sigue siendo posible cuando una página reemplaza a una pantalla y una respuesta no busca aprobación, alcance ni recompensa algorítmica.
La inteligencia artificial temprana como proceso dirigido por el artista
Más tarde, Galavis transformó entradas seleccionadas con su lenguaje visual y herramientas GAN tempranas. Los testimonios siguen siendo humanos. La inteligencia artificial no es su autora. Es otro pincel dentro de un proceso humano de selección, iteración, descarte, composición, color, distorsión y criterio pictórico. Antes de los actuales modelos de lenguaje de gran escala y sistemas multimodales, el proceso era más lento, menos predecible y dependía visiblemente de la mano del artista.
Las obras responden emocionalmente y no ilustran de manera literal. Página e imagen preservan la escritura íntima antes de una mayor automatización del lenguaje y la creación visual con inteligencia artificial antes de que los modelos actuales transformaran su velocidad y escala.
De un viaje privado a un archivo humano público
La campaña de Kickstarter financiará el primer libro de arte de mesa de The Uber Diary en edición limitada. Reunirá páginas anónimas con las respuestas visuales de Galavis creadas mediante herramientas GAN. Como objeto artístico y archivo social, conecta a personas que quizá nunca se conozcan a través de aquello que revelaron. El apoyo que supere la meta inicial comenzará a hacer posibles elementos de una exposición inmersiva donde estas voces puedan verse, escucharse y sentirse juntas.
La tecnología no es la villana. Un viaje solicitado mediante una aplicación abrió espacio para un testimonio humano sin editar. La inteligencia artificial respondió sin reemplazarlo. El centro sigue siendo la persona que escribe, la persona que lee y el reconocimiento entre ambas.
Prólogo de Leon Logothetis
El libro incluye un prólogo de Leon Logothetis, creador de The Kindness Diaries en Netflix. Describe The Uber Diary como «un portal hacia la condición humana» y escribe sobre la necesidad universal de sentirnos vistos, escuchados y acogidos. Sus palabras sitúan el proyecto dentro de una práctica de empatía radical donde las verdades ocultas pueden salir a la luz.
Acerca de Federico Galavis
Federico Galavis es un artista venezolano estadounidense radicado en Los Ángeles. Su práctica abarca pintura, medios digitales, instalación, inteligencia artificial, código y blockchain. Marcada por la migración, la memoria, la pertenencia y la conexión humana, su obra se nutre del fauvismo, el cubismo y el expresionismo y se ha presentado internacionalmente. Galavis ha formado parte de la Comisión de Artes de Santa Mónica y de sus comités de Arte Público y Artes Mediáticas.


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