Prensa.- Oswaldo Vigas es una de las figuras más destacadas del arte moderno latinoamericano y una de las voces artísticas que tendieron un puente entre las vanguardias europeas de la posguerra y Latinoamérica.
Profundamente vinculado a los círculos intelectuales y artísticos de su tiempo, y relacionado con importantes artistas modernistas de distintas partes del mundo, entre ellos Picasso, Wifredo Lam, Víctor Vasarely, Jesús Soto y Alejandro Otero, Vigas forjó un camino independiente que convirtió las diferencias en una fuente de creación, desafiando fronteras y tendencias.
Como señala Wang Shaoqiang, director del Museo de Arte de Guangdong:
«Vigas no sucumbió a las narrativas universales del modernismo europeo ni se refugió en las evocaciones nostálgicas del provincialismo; como ha señalado la cocuradora de la muestra, Gabriela Rangel, forjó una práctica artística que podría caracterizarse como una "modernidad anfibia", nunca fija en un único estado. Situada entre la tierra y el agua, entre la tradición y la innovación, entre lo local y lo global, su obra interrogó de manera constante una pregunta fundamental: ¿cómo puede una sociedad sometida a una rápida transformación salvaguardar los linajes culturales esenciales que la sostienen?»
«Creo que el aspecto más trascendente del arte contemporáneo es su capacidad para abrir un camino de regreso a nuestros orígenes.»
— Oswaldo Vigas
Retorno y renovación: una práctica en constante evolución
A lo largo de dos salas de exposición, la muestra recorre cronológicamente la evolución del lenguaje plástico del artista a través de cuatro etapas, ofreciendo una visión integral de su trayectoria como un proceso continuo de cuestionamiento y reinterpretación del mundo a partir del patrimonio vivo de su tierra natal.
1942–1952: Figuración ancestral y las «Brujas»
El traslado de Vigas a Caracas para continuar sus estudios de medicina marcó el inicio de un profundo despertar estilístico. A partir de una extensa investigación de las mitologías y las iconografías precolombinas —en particular, de la Venus de Tacarigua— desarrolló su emblemática serie de las «Brujas»: seres híbridos que fusionan los reinos, animal, vegetal y mineral con una energía primordial, encarnando cosmovisiones tradicionales y saberes ancestrales. Este motivo llegaría a definir el conjunto de su obra.
Venus de Tacarigua, Civilización Tacarigua Bruja Infante, 1951
1952–1964: París: de la abstracción geométrica al informalismo
Los diversos intercambios culturales que Vigas experimentó en París lo llevaron a reflexionar sobre su identidad latinoamericana, al tiempo que asimilaba las influencias de sus contemporáneos. Deconstruyó los tótems precolombinos para transformarlos en símbolos geométricos orgánicos, antes de adentrarse en la energía gestual y matérica del informalismo, desarrollando un lenguaje propio que desafiaba toda clasificación, pero que permanecía firmemente arraigado en la tierra americana.
Germinación I, 1960
1964–1992: Regreso a la patria: sincretismo y neofiguración
De regreso en Venezuela, Vigas se consolidó como una de las figuras más destacadas de la escena artística nacional. Su práctica evolucionó hacia la neofiguración, disolviendo la oposición binaria entre abstracción y figuración. Sus composiciones sintetizaron mitologías latinoamericanas, el folclore y antiguas iconografías con temas universales como el amor materno, la paz y el sufrimiento, dotando a su obra de una profunda dimensión humanista y de una identidad regional distintiva.
1993–2014: Origen común y raíces ancestrales
En las últimas décadas de su vida, Vigas alcanzó una plena libertad creativa, recurriendo a los colores primarios y a composiciones de gran economía formal para crear formas biomórficas y lúdicas que evocan las fuerzas vitales de la naturaleza y los orígenes compartidos de la humanidad. Simultáneamente modernas y arcaicas, estas formas encuentran resonancia tanto en el grafiti urbano como en las pinturas rupestres prehistóricas.
La presentación de la obra de Oswaldo Vigas al público chino marca un nuevo capítulo en la proyección internacional de su legado y reafirma la vigencia de una obra que, desde América Latina, dialoga con las grandes narrativas del arte moderno y contemporáneo.
Los curadores de la muestra profundizarán sobre estos temas durante una conferencia que tendrá lugar el 16 de agosto.
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